El río Biobío persistía
como frontera entre la república de Chile y los araucanos, situación que
favorecía la acción de bandoleros, delincuentes y toda clase de malhechores.
Escenario que favorecía la guerra de la muerte(1919-1832), que fue apaciguada
momentáneamente, por el general Manuel Bulnes.
Al termino de la guerra contra la Confederación
Perú-Boliviana las tropas que regresaban fueron instaladas en la provincia de
Concepción, concediendose a sus soldados tierras al sur del río. Se pretendía
así lograr avanzar la línea fronteriza cada vez más al interior de la Araucanía.
Pequeños poblados, guarnecidos por fuertes, empezaron a surgir dedicados a la
agricultura y el comercio.
En 1859 el teniente coronel Cornelio Saavedra
presentó un plan para adelantar la frontera hasta el río Malleco las autoridades deciden aplicar el
plan propuesto por el General de Ejército.
. Dicho plan incluye no
sólo incluye acciones militares, sino además la penetración pacífica de los
territorios, mediante el traspaso de la cultura chilena al otro lado de La
Frontera.
Se busca fundar ciudades, construir obras
públicas tales como caminos, telégrafos, y crear escuelas y hospitales. Las
tierras incorporadas serían traspasadas a colonos sin ningún costo para fomentar
la ocupación de la zona y desarrollar la producción de trigo.
En poco tiempo, Cornelio
Saavedra puede ocupar la zona que va hasta el río Malleco, lugar
donde refunda la ciudad de Angol, y los
fuertes de Mulchén y Lebu, en 1862. Por el
territorio costero, alcanza a avanzar hasta el río Toltén. Esta
primera ocupación se lleva a cabo con relativamente poca resistencia, pero luego
se produce una sublevación de los mapuches que
habitan las cercanías del río Malleco, bajo el mando del lonco Quilapán.
La Guerra del Pacífico paralizó la marcha
al sur y posibilitó,al desguarnecer los fuertes, una rebelión que puso
en peligro los poblados.
Esta fue sofocada por el Coronel Urrutia
quien dispuso la creación de nuevas fortificaciones:
En 1881: Cholchol, Lautaro y
Temuco.
En 1882: Carahue, Curacautín, Nueva
Imperial y Pitrufquén.
La frontera alcanzaba, así, al río Toltén.
Al año siguente recuperó Villarica, la ciudad destruida en
1602.
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